El hijo pródigo
Todo
pasó tan rápido, solo ayer era un niño con el que jugaba, hoy ha
crecido, hoy ya no está a mi lado. Este mundo camina tan rápido y se
presenta tan atrayente para los jóvenes de hoy, solo espero que no le
pase lo que les pasa a la mayoría de ellos, quedan tan marcados y
marcadas, y lo que es peor nunca se lo llegan a perdonar y mucho menos
llegan creer en si mismos.
Pensé
que nunca iba a llegar este momento; el hermano mayor, mi otro hijo,
nunca se comporto así; sí, lo sé, son dos personas diferentes. Le había
notado muy distinto, hacia unos días atrás. Sus ojos brillaban más y su
mirada estaba en ciertos momentos estaba como perdida… ¿qué pensaría?,
su manera de vestir era muy diferente, su manera de hablar… algo estaba
por pasar, le conozco soy su padre, pero esto me lo esperaba tarde o
temprano; saben hace unos días atrás era un niño.
Todavía
esta en mi mente ese preciso instante, me enfrentó, como nunca antes lo
había hecho, nunca le observe tan seguro para tomar una decisión, pues
esta ves no había tomado mi parecer; sonreí, claro estaba creciendo.
-Quiero
que me des todo lo que me pertenece-, me dijo; no le cuestioné nada,
solo sonreí. Es curioso, toda mi vida le he dado todo, hasta lo que no
me pidió, sí, su vida; se la doné. Pero… no titubeé, le di todo lo que
el quería; qué lástima que lo único que me exigió fue material. Sí, le
comprendo, esta vida de hoy es muy llamativa para los jóvenes, el mundo
del tener, del querer, del poder. Tener dinero, fama, amigos, posición.
Querer todo lo material que se necesite, que lástima que todo este
querer sea tan pasajero. “El poder hacer con mi vida lo que me da en
gana”, este fue su primer paso. Todo placer por placer. Bueno le di
todo lo que me pidió.
Le vi alejarse, esta era su primera
decisión, tomada libremente por él; salió alegre pues le di todo lo que
me pidió, su herencia. Cuanto le dije…, cuanto le di a entender…, pero
no quiso comprender, saben he perdido a mi hijo, hoy él empieza a
morir, todo por respetarle ese derecho de querer ser.
¿Dónde
estará?, ¿con quien andará?, ¿qué estará haciendo?, son apenas unos
días, ¡cuanto me hace falta!, claro es parte de mi vida. ¿Se acordará
de nosotros?
Hoy tuve noticias de él, no muy buenas, pero ¡está
vivo!, me cuentan que anda con un grupo de muchachos y muchachas, por
lo menos tiene amigos, eso me alegra; es muy popular, pues me cuentan
que tiene muchas novias, que en sus fiestas sobra de comer y… las
drogas. Hijo mío, no sabes lo que estás haciendo con tu vida, conmigo
tenías libertad, pero… tienes derecho de hacer con tu vida lo que
quieras.
Hoy me han dicho por ahí que estás solo, con hambre,
trabajando duro para comer solo desperdicios, ¿que estás haciendo con
tu vida?, o que hiciste con ella; te debe de estar doliendo la decisión
que escogiste, mira aquí esta tu hermano, él escogió ser diferente.
Solo espero el día en que vuelvas. ¿Cómo será?, lloverá, hará sol… en
fin sé que será un día de fiesta.
No lo puedo creer, ¿quién es
ese que viene?, si es él, está vivo, ha vuelto… corrí lo más que podía
y le abrace, cuanto deseaba ese instante; no le permití decir nada,
pues esta segunda decisión tomada, sí, la de volver, es la más
importante que pudo haber tomado. Hagamos fiesta, solo le dije una
frase en el oído –perdóname porque no te lo di todo, aquel día en que
me pediste la herencia; todavía faltaba lo más importante, mi amor por
ti, eso te lo estoy dando hoy-.
Aquel día fue fiesta en mi casa,
solo me queda una pregunta ¿habría necesitado mi hijo tanto sufrimiento
para que supiera que le amaba?, solo por el hecho de querer ser…

