Blog de Deportes
En Agosto de 1996, hace cerca de doce años, un chaval rubio de sonrisa
angelical que sólo llevaba un año en la primera plantilla del
Manchester United anotaba un gol que daba la vuelta al mundo. Un
jovencísimo David Beckham levantaba la cabeza, veía adelantado al arquero del Wimbledon Neil Sullivan, y desde su propio campo lanzaba un disparo parabólico que se colaba sin remisión junto al larguero.
Hoy, en el partido que enfrentaba a su equipo, el Galaxy, contra el Kansas City, Becks
ha repetido suerte. Al fin recuperado de la lesión que le ha traído de
cabeza en los últimos meses, y aprovechando la subida del portero rival
para intentar un empate desesperado tras un córner, el de Leytonstone
ha vislumbrado el marco en la lejanía y ha puesto en marcha su cañón de
terciopelo, quizá el gran más sensacional y particular de sus últimos
años.